Cada amanecer, cada nuevo día es un reto, una oportunidad para romper barreras, superar obstáculos, cumplir sueños.

La distancia entre solo soñar y volver realidad aquello que añoramos es una delgada línea. Para Fran Sanz (26) y Manuel Monasterio (42) esa fina separación está compuesta por millones de brazadas, pedalos interminables, incontables zancadas. Los dos sufrieron de enfermedades renales y ambos son trasplantados.

La enfermedad y sus complicaciones nunca disminuyeron la pasión que sienten por el deporte, todo lo contrario. Fran pudo continuar durante la diálisis con la actividad física; Manuel, o Pache para sus amigos, lo aparcó pero no por mucho. Hace siete años Fran recibió el esperado trasplante de riñón, mismo procedimiento al cual Manuel se sometería poco después de un año.

Aquella vivencia los ha impulsado a superar cualquier limite, fundamentalmente inspirados por el acto de amor infinito que alguna familia tomó en el peor momento al que se podrían enfrentar, aquel instante en que decidieron donar los órganos de un familiar recién fallecido, permitió que Fran y Pache, al igual que miles de personas en todo el mundo, sigan viviendo.

El Triatlón KM0 de Madrid, el primero de la capital y que termina en el corazón de España, se convirtió, a partir de ayer, en el mayor reto, después de aquellas enfermedades, superado por estos dos ejemplos de inspiración.

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La fresca mañana del domingo 27 de septiembre los esperaba con 3,900 metros de nado en el Pantano de Riosequillo (Buitrago de Lozoya) . La natación probablemente fue la prueba en que más cómodos se sintieron, logrando mejores tiempos de lo esperado por ambos, reservando energía y fuerza para lo que estaba por venir. Las tranquilas aguas colaboraron para avanzar a buen ritmo. Una hora y nueve minutos después de tocar el agua, Fran, con el número 170, corría sobre la alfombra azul para tomar la bicicleta. Manuel se zambulló en el frío lago poco después, cosa de los grupos por edades, y se sacaba el neopreno a la 1:28:22  de haber iniciado, poniendo rumbo a la segunda etapa.

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Ya sobre las ruedas, los bellos paisajes de la sierra madrileña los acompañaron en los 170 km de recorrido. Los escaladores empezaban a ganar tiempo. El ascenso a Miraflores de la Sierra y los Puertos de Navacerrada y de Cotos representaron agrestes cuestas, menos extensas que en otros recorridos, pero con un desnivel de alta dificultad y que les exigieron la mayor fortaleza de piernas.

En un punto de ascenso Fran Sanz tuvo su primer contratiempo, al intentar un adelantamiento bajando una pendiente perdió el control y termino en la cuneta del camino. Afortunadamente los golpes en la pierna izquierda y  la mano derecha no le impidieron continuar, por el contrario, como ha demostrado en otros momentos, los obstáculos son un impulso para superarse. Nuevamente sobre la bicicleta continuó el andar hasta la T2, parando el parcial de bicicleta en 6 horas 51, para acumular hasta ese momento un tiempo de 8:00:13.

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Por su parte Manuel Monasterio, menos acostumbrado a tiradas tan largas sobre la bicicleta realizó un recorrido limpio, con los retos propios de estás pruebas, contando con el aliento de un par de miembros de la asociación (Borja y Antonio) que le inyectaron motivación para seguir. Cuatro minutos antes de cumplir las ocho horas sobre los pedales (acumulado de 9:24:07), el asturiano hacia la transición para calzarse las zapatillas y meterse la camiseta azul con el logotipo de Deporte y Trasplantes España.

Ya sobre el asfalto de Madrid Río se dispusieron a completar el maratón. Cuatro vueltas a un circuito de diez kilómetros donde el publico les brindo gritos de aliento y ánimo. El calor de la gente y el paisaje que se abría hacia el este, con el Palacio Real, La Almudena, El Edificio España y más emblemas madrileños, daban la sensación de tener la meta cerca, aunque estuviese a 42 kilómetros de distancia. Llegó una ligera lluvia que dio paso inmediato a un intenso calor que en nada ayudo a aligerar el esfuerzo.

 

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Los rostros de Fran y de Pache, al igual que el de todos los competidores denotaban el esfuerzo mezclado con la motivación, el cansancio con las ganas, el dolor con la ilusión. En la tercera vuelta Fran sufrió un tirón que lo hizo parar por un momento. Las casualidades provocaron que parara justo frente a una persona conocida, miembro de la asociación, un rápido intercambio de palabras llenas de ánimo y coraje lo impulsaron a seguir, aunque rengueando. Metros adelante más gente cercana fueron el revulsivo definitivo para mantener la mente positiva y continuar.

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Pache igualmente sufría estragos en forma de calambres, algo conocido tanto por triatletas como por personas que han vivido problemas renales. Esta pequeña adversidad fue controlada con concentración y motivación, continuando sin detenerse.

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Al concluir los cuatro giros al circuito, tomaron la Cuesta de la Vega, camino que serpentea hasta pasar por un costado de la Catedral de la Almudena y se convierte en la Calle Mayor. Ya sobre esta mítica vía madrileña tomaron el camino recto que dibuja hasta llegar al Kilómetro Cero de Madrid, de España.

Fran, acompañado por su tío Admin, quien ya había terminado la prueba y volvió el camino para escoltar a su discípulo, tomó la alfombra naranja de honor. Paró unos instantes para hablar con el speaker oficial en una emotiva entrevista recordando su trasplante, su donante y esta segunda oportunidad de vida. Dio los últimos pasos con los ojos llenos de lágrimas que se resistían a salir, las manos en alto y el corazón, y el riñón, por que no decirlo, latiendo a mil revoluciones parando el electrónico en 12:14:10. Los abrazos de sus amigos y compañeros interrumpían la recepción de la medalla. Un equipo de AsTV, que lo siguieron durante la preparación, lo entrevistaba tomando las primeras sensaciones una vez cruzada la meta.

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El golpe, desafortunada anécdota, tuvo alguna consecuencia en forma de visita al hospital y la inmovilización de la mano por unos días, que curará rápidamente. La alegría, la satisfacción, el orgullo de ser un IRONMAN nunca se perderá. Es algo que le quedará para siempre en forma de vivencia, experiencia y reafirmación del agradecimiento y gratitud por esta nueva oportunidad.

Casi hora y media después, ya con el manto de la noche y la atípica luna roja, Manuel Monasterio tomaba la misma recta. Alcanzaba la moqueta arropado por un alarido impresionante de cientos de desconocidos y un par de compañeros trasplantados. El estallido fue provocado por el mismo Pache, que hizo volar el dorsal 278 como si se tratará de una prueba de minutos y no una que lo exprimió por 13 horas y 42 minutos.

 

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Al cruzar la meta, el reloj de la Casa de Correos, el luminoso del Tío Pepe, el Oso y el Madroño fueron testigos del beso cariñoso de su mujer, el abrazo de un trasplantado que no paraba de mirarlo con admiración e inspiración. Testigos del éxito, de la satisfacción.

El recorrido los hizo coincidir en instantes puntuales, efímeros. El cruzar la meta, aún sin concurrir temporalmente, los une en un logro por pocos conquistado. Eran dos de 356 que participaron en este reto. Ahora son dos de los pocos trasplantados de riñón que se pueden llamar finisher de un IronMan. Testigos fieles de que Deporte + Trasplante = Vida.

En realidad esa fina línea, la que separa los sueños de los logros, separación que para Fran y Pache se mide en zancadas, pedaleadas, brazadas, esta conformada por algo más. Ilusión, esfuerzo, deseo de superación, agradecimiento, alegría, amor, amor a sus familias, sus amigos, amor a sus donantes, a las familias de aquellos, amor a la humanidad, amor a la vida. Amor a su segunda vida.

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One thought on “Trasplantados de hierro, riñones de oro

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