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Me defino como paciente renal ocasional, Pamplonés y sanfermiero, aficionado a la música y volcado con las personas y tengo un objetivo personal con un riñón trasplantado hace 10 meses (el segundo que recibo), participar en los Juegos de Trasplantados. Para más datos, en Los Juegos Mundiales para Trasplantados de Málaga 2017 y en concreto en triatlón. ¿Locura? No. Pasión, constancia, superación y demostrar lo que se puede hacer gracias a un SI de los donantes de órganos y tejidos y sus familias.

Otoño 2015. AC/DC. “Highwell to hell”. Más de 1.000 personas coreando y  aplaudiendo. Una cuenta atrás. Se palpa la emoción. Es el comienzo de algo nuevo al ritmo de unos fogonazos que presagiaban una noche mágica, como la de todos los santos o halloween.

Es el comienzo de una nueva vida que puedo llevar a cabo gracias a que un donante y sus familiares dijeron sí a la donación de órganos hace 10 meses. Un segundo trasplante que recibo en mis 41 años de vida, que me permiten hacer una carrera diferente, la carrera de una vida similar a la de los demás sin tener que depender de una máquina para seguir viviendo.

Con 19 años tuve la oportunidad de recibir un primer trasplante, tras 1 año en diálisis. Hasta entonces el deporte era parte de mi rutina. Con los años, el deterioro físico, la familia y el trabajo reducen mi actividad a pequeños paseos.

En el 2008, por cuestiones médicas, termino más de 6 meses en cama sin actividad alguna. Recuerdo que no era capaz de andar ni 25 metros sin pararme y había llegado a perder una talla de ropa, quedándome en unos míseros 55 kilos. Llevaba casi 10 años sin hacer nada de ejercicio, excepto paseos rutinarios por la ciudad y tardé unos meses en recuperar esa normalidad.

En unas Jornadas Nacionales de ALCER del año 2014, estuvieron 2 miembros de una asociación llamada Deporte y Trasplante España, donde comentaron los beneficios de hacer ejercicio no solo una vez trasplantados, sino también en diálisis. 

Conseguí información para contactar con ellos. Proponían algo atractivo, ejercicio a tu ritmo. Promocionaban la donación bajo el lema Deporte + Trasplante = Vida. Cambió mi chip.

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Aprendí que se puede hacer ejercicio en diálisis y también estando trasplantado. Decidí que debía empezar tras oír vivencias como la mía: «Yo estaba como tú», «cuando me mandaron a casa no podía no andar 100 metros…», «el primer día que empecé a hacer ejercicio no  llegaba ni a los 5 minutos..». Yo seguía en diálisis pero me sentí identificado. Pero había algo  especial que compartíamos todos. Hemos pasado algo muy duro y lo hemos superado, puede haber algo que no podamos si queremos?

Sudar para llevar menos líquido a diálisis era una gran motivación. Así empecé muy poco a poco a acudir a spinning y algún día a hacer unos largos en la piscina, un deporte que siempre me ha gustado. No me podía exigir mucho porque ya eran más de 4 años en diálisis y 15 sin ejercicio alguno. Era ejercicio, no «deporte». Pese al cansancio las sensaciones al terminar eran de satisfacción, además me ayudaba a darme un respiro psicológicamente.

Un 20 de diciembre 2014 llegó la llamada. El 21 desperté con un nuevo riñón. Iba a empezar una nueva etapa. En contacto con Deporte y trasplante, y la recomendación del médico, decidí empezar a andar al mes y medio.

Después de 4 meses del trasplante, decidí retomar el ejercicio. Un poco de máquinas con un peso mínimo, un poco de bicicleta estática y poco más. A los 6 meses pensé que con el spinning podría ir cogiendo fuerzas en unas enclenques piernecillas y con un poco de esfuerzo y mucho control de pulsaciones (no más de 125 pulsaciones), iba regulando mi condición física.

La natación, algo que siempre me ha gustado, entró al mes siguiente. Creo que tardé un mes, o eso me pareció, en aguantar 15 minutos nadando. Sin forzar. A un ritmo que un poco trabajado corazón me permitía, haciendo las paradas necesarias. Tras la recomendación de Dani, el entrenador del gimnasio, empecé a probar a correr en cinta. Con un poco de constancia y, porque no decirlo, de esfuerzo, en un par de semanas ya era capaz de aguantar en la cinta 20 minutos a 7,5Km/h y bajarme de una pieza. 

La cabeza me pedía más, pero el cuerpo me frenaba. Recordé que mi padre decía “al cuerpo la mitad de lo que pide”. Así que en las vacaciones de septiembre, en la playa y con más tiempo para el ejercicio, empecé a hacer más cosas a dedicar más tiempo con una intensidad más baja. Largos en la piscina, un poco de estática y algo de cinta.

Un día decidí correr por el paseo marítimo. Sin querer llegué a hacer 5 km. Poco a poco he incorporado e intercalado correr a mi ritmo, con nadar y con una bici estática.

Así he comenzado a salir a correr a mi ritmo, sin prisas, guiándome por sensaciones y de mi inseparable pulsometro. He salido 7 días en todo el mes. 5 km, otro día 6, otro 5, otro 8, de nuevo 5… Y he podido compatibilizarlo con algunos días, 3, que he salido en bici por zonas llanas y buscando pocos kilómetros -no más de 25km-, y en llano, para no sufrir demasiado y tirar la bici por la ventana, logrando así volver cansado pero animado a cogerla otro día.

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Con este bagaje, coincidí con unos amigos que iban a hacer una carrera en Pamplona. Ante el argumento navarro de «a que no tienes…» y un poco de cordura, no pude más que comprometerme ante 2 amigos a correr en la carrera del día siguiente en la distancia intermedia de 6Km. Y para evitar escaqueos, me toco inscribirnos.Sábado 20:15. Una camisa azul, un dorsal 7.101, unas zapatillas y 2 amigos. Uno haría de liebre, para tirar de nosotros 2 acomodándose a nuestro ritmo. Cuenta atrás coreada (3,2,1…) llamaradas, aplausos, gritos de ánimo, subidón de adrenalina y los pelos de punta. Avanzamos despacio hasta oír un Piiiiii. El chip pita. Ya has empezado! Ánimo, me decía, coge ritmo cómodo y déjate llevar.

Los 2 primeros kilómetros íbamos arrastrados por la multitud. El tercer kilómetro, ya más libre, da paso al precioso recuento amurallado de Pamplona iluminado especialmente para la ocasión. Las piernas notan el peso a los 4 kilómetros pero seguimos aguantando el ritmo ante una liebre que decide apretar. Trato de seguirle, pero tengo que abandonar el ritmo si no quiero quedarme clavado 10 metros más adelante. Recupero un paso cómodo y junto con un grupo de chicas vamos avanzando despacito algunas posiciones. 

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Descubro que la zona amurallada y pasadizos habitualmente cerrados de Pamplona son una preciosidad. Tienen una iluminación especial y un montón de gente que no cesa de animar. Aún me sorprendo del valor que tienen esos ánimos, hasta el que dan los niños que ponen sus manos para las choques al pasar. ¡Qué diferente es una carrera! Llego a una larga recta final. La cabeza me pide apretar pero las piernas me dicen que de que vas. En los últimos metros el pundonor puede y aprieto un poco notando que las piernas pican, pero la meta está ahí. Hay aplausos, ánimos, amigos que te reciben y por fin, el pitido del chip. He llegado!

Ya he dado mi primer paso para un precioso objetivo personal. Mi primera carrera. Era un reto, pero lo he conseguido gracias a mucha gente, con un poco de paciencia, de constancia, de lucha y de superación, que de eso sabemos mucho los trasplantados. Ya estoy pensado en la siguiente, pero no tengo prisa. Un donante me ha permitido vivir y tengo mucha vida por delante. He descubierto que Deporte + Trasplante es Vida. Lo tengo claro, quiero vivir, quiero disfrutar. Gracias amigos y gracias a mi donante, al que recuerdo todos los días con el cariñoso nombre de “Agradecido».

Manuel Arellano, «Fiti».

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En primera persona: No es locura, es pasión por vivir.
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