No es sencillo “hacer poesía. Tampoco en ocasiones, es fácil leerla y entenderla.

Acaso una de las definiciones menos conocidas de la palabra poesía sea la siguiente: “cualidad de una cosa o de una persona que produce un sentimiento o emoción estética y afectiva”. A mí me seduce especialmente esta, y me encaja a la perfección para dedicaros las siguientes líneas.

Hay hombres y mujeres que poseen una singular sensibilidad. Son capaces de transmitir sentimientos a través de la “escrituradiaria de sus experiencias, consiguiendo trasladar a sus “lectores” las emotivas estrofas de sus vidas.

Las personas trasplantadas pertenecen al selecto colectivo de las segundas oportunidades. Viven con ilusiones renovadas y no se permiten otra cosa que no sea sonreír a cada nuevo día. Cada una de ellas son poetas de sus propias biografías. Tan iguales, tan distintas, pero con la misma rima.

 

 

Ser trasplantado  implica asumir una doble responsabilidad: vivir para dos personas al mismo tiempo. Saben que no caben las excusas y asumen el compromiso de cuidar de su calidad de vida. Con obvias diferencias, y si se me permite la comparación,  la situación sería asimilable a la de una madre embarazada que convive con su bebé durante nueve meses, compartiendo un solo cuerpo. Casi nada.

Cuando todas estas personas aceptan semejante responsabilidad y se agrupan para hacer más fuerte el compromiso adquirido, las historias, las vivencias y las experiencias se multiplican y se amplifican de tal forma, que ayudan a alcanzar un estado de sosiego y confort, a base de compartirlas.

Podría hablar de muchas entidades y personas que se dedican a la divulgación del mensaje de la donación de órganos, pero hoy este texto está dedicado especialmente a la Asociación Deporte y Trasplante, compuesta por personas trasplantadas que han decidido que el deporte sea su mejor recuperación y sea su tratamiento destacado. 

 

 

En grupo o por sí mismas, crean diariamente poesías que desbordan optimismo, ánimo y esperanza. Aquí no caben las desilusiones, los pesimismos ni las tristezas; son rechazados directamente por los donantes, quienes les han trasladado un encargo claro y directo: Vive y disfruta, regala vida y no dudes en escribir cada día tu poesía más bella.

¡Me encanta pertenecer al club de los poetas vivos!

Juanma Lorenzo.

 

 

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El club de los poetas vivos
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